Niños Mártires de Tlaxcala

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En el Estado de Tlaxcala en México existen tres niños ejemplares que a partir de una fe total y muy firme nos muestran que defender su causa es tenerle amor a Dios; como lo decía San Agustín “No es el sufrimiento, sino la causa, lo que hace auténticos mártires, el mártir no defiende su vida sino su causa que en su convicción religiosa, su fidelidad a Dios y a sus hermanos y esta se defiende muriendo”. A continuación recordaremos el martirio que recibieron estos tres niños Tlaxcaltecas.

El 25 de enero de 1524 llegan doce franciscanos a la Nueva España para evangelizar y empezarán esta noble labor por Tlaxcala. Los misioneros conociendo la inclinación tan arraigada de los indios a su religión, comprendieron que no era posible dejarles sus ídolos y sus templos sin peligro de conjugar cristianismo y paganismo al mismo tiempo. Como aconteció en algunos casos; cuando al pie de la cruz escondían sus ídolos para venerarlos.
La conversión de los adultos era difícil, por esta razón los misioneros desde su llegada a la Nueva España pidieron a los hijos de los señores principales, para educarlos no solamente en la religión cristiana; sino también en los conocimientos humanos como eran: conocimiento de la lengua española leer, escribir, cantar, tocar algunos instrumentos y aprendizaje de algunos oficios.

Cristobalito
El Beato Cristóbal nació en Atlihuetzía, Tlaxcala. Los frailes le llamaron siempre con el diminutivo de Cristobalito, no sabemos la fecha de su nacimiento; pero si hemos de dar crédito a los historiadores, que cuando murió tenía 12 ó 13 años y fue martirizado en 1527; por tanto, la fecha de su nacimiento tenemos que colocarla hacia 1514 -1515. Fue hijo de Acxotécatl y Tlapaxilotzin, tuvo otros hermanos de distinta madre – en razón del uso poligámico de ese tiempo – ellos son Bernardino, Luis y otro hermano cuyo nombre no conocemos.

Es probable, que estos niños hayan sido enviados a la escuela franciscana a finales de 1524 o a principios de 1525; porque los frailes inmediatamente comenzaron a enseñar a los hijos de los señores principales. Acxotécatl al principio se reservó a Cristobalito pues era el hijo que más quería, y sería el futuro heredero del Señorío; los hermanos contaron a los frailes, que tenían otro hermano que se había quedado en casa y los franciscanos fueron por él.
Instruido Cristóbal en las principales verdades del cristianismo, él mismo pidió el bautismo, y los frailes se lo administraron.

Antonio
El Beato Antonio fue nieto de Xicohtencatl, señor de Tizatlán, futuro heredero del Señorío, nació en Tizatlán, Tlaxcala, probablemente hacia 1516-1517 y fue muerto el año 1529, siendo de la misma edad que Cristobalito 12 ó 13 años.
Juan  

El Beato Juan nació probablemente en Tizatlán, Tlaxcala hacia 1516-1517 y fue muerto el año 1529, los historiadores afirman que tenía la misma edad que Antonio. Era de condición humilde y servía como criado a Antonio.
El martirio de los niños
Cristobalito
En la escuela de los frailes, el Beato aprendió rápidamente las verdades de la religión cristiana; entendió en cuanto le era posible a un niño, que los ídolos no podían ser Dios, por lo tanto el culto que su padre Acxotécatl y sus vasallos daban a los ídolos era un pecado de idolatría y la embriaguez una ofensa grave a Dios.

De este convencimiento nació la idea de convertir a su padre y a sus servidores, comenzó a predicarles las verdades que aprendía en la escuela del convento. Las primeras veces que el padre escuchó, creyó, que su hijo repetía sin entender, lo que enseñaban los franciscanos, y no le dio importancia. El Beato repitió varias veces las mismas exhortaciones, preveía, que su padre podría castigarlo severamente, porque era un hombre desalmado; no obstante Cristobalito no retrocedió, sino que prosiguió en su propósito.

Cuando vio, que nadie tomaba en cuenta su predicación determinó romper los ídolos que encontró en la casa y derramó el pulque que servía para embriagarse.
Ante este hecho los vasallos de Acxotécatl le presentaron su queja que les hacia Cristobalito; Xochipapalotzin una de las esposas de Acxotécatl madre de Bernardino, instigó para que este diera muerte a Cristobalito y así su hijo pudiera heredar el Señorío, como de hecho lo heredo. Después de un tiempo, Acxotécatl concibió el propósito de matar a Cristobalito y fingió celebrar una fiesta, mandó llamar a sus hijos, que estaban en la escuela franciscana cuando llegaron a la casa paterna, éste despidió a los hermanos del Beato; y se quedó únicamente con él, lo tomó de los cabellos, lo tiró al suelo le dio de patadas, lo golpeó con un palo grueso de encino, le quebró la cabeza, los brazos, por todo su cuerpo corría sangre, cuando, su padre lo dejó, Xochipapalotzin le impidió la salida y finalmente lo arrojó a una hoguera, que mandó encender con leña de encino.

Antes de la muerte, el Beato podía librarse del castigo de la muerte dejando de predicar a su padre, abandonándole a su idolatría; sin embargo, Cristobalito prefirió el castigo y la misma muerte antes que desistir de su propósito de la conversión de su padre a Dios y la de todos los de su casa.
Durante su martirio continuamente invocaba a Dios en su lengua materna: «Señor, Dios mío, haced misericordia de mí y si tú quieres, que yo muera, muera yo, y si tu quieres que viva, líbrame de este cruel de mi padre». Sobrevivió una noche sin quejarse, siempre en constante invocación a Dios y a la Virgen Santísima.

Después del martirio, agradece a su padre el bien, que le proporciona con estas palabras: «Oh, padre! no piensen que estoy enojado ni sentido, porque estoy muy alegre, y sábete que me has hecho más honra que no vale tu señorío». Poco después expiró, su padre lo sepultó en la misma casa, un año después, fray Andrés de Córdoba, O.F.M., trasladó el cuerpo del Beato a Tlaxcala.

Antonio y Juan
Los Beatos Antonio y Juan sufrieron el martirio en 1529 en Cuauhtinchán, Puebla cuando acompañaba a fray Bernardino Minaya, O.P., con otro fraile dominico, que se encaminaban a evangelizar la provincia de Oaxaca.
Fray Bernardino al pasar por Tlaxcala pidió a fray Martín algunos niños, que voluntariamente quisieran acompañarlo: se ofrecieron con gusto Antonio, Juan y también otro niño llamado Diego, éste no alcanzó el honor del martirio. Fray Martín quiso advertirles, que consideraran los peligros a que se exponían, los trabajos que padecerían lejos de su casa, tal vez encontrarían la muerte. Ellos contestaron: “Nosotros estamos aparejados para ir con los padres y para recibir de buena voluntad todo trabajo por Dios; y si Él fuere servido de nuestras vidas, ¿por qué no las pondremos por Él? ¿No mataron a San Pedro crucificándole y degollaron a San Pablo y a San Bartolomé desollaron? ¿Pues por qué no moriremos nosotros por Él, si Él fuere de ello servido?”.

Los frailes junto con los niños salieron de Tlaxcala y llegaron a una población llamada Tepeaca, Puebla, allí se detuvieron para misionar. Más tarde los niños fueron a Tecali y a Cuautinchán, allí Antonio entró a una casa a recoger ídolos, quedándose Juan en la puerta, llegaron dos hombres con sus macanas, descargaron crueles golpes sobre Juan, que murió enseguida. Al oír Antonio el ruido salió y viendo muerto a su criado no huyó, los increpó diciendo: ¿por qué matáis a mi compañero, que no tiene él la culpa, sino yo, que soy el que os quita los ídolos, porque sé, que son diablos y no dioses? Arrojó al suelo los ídolos que traía en la falda. Los pobladores descargaron terribles golpes sobre él, que murió al instante. Los cuerpos de estos dos Beatos fueron arrojados a una barranca; posteriormente fueron sacados de allí y los llevaron a Tepeaca y los sepultaron en una capilla provisional.
Antes de la muerte, los dos Beatos se educaban en la misma escuela, se prestaron voluntariamente para acompañar a fray Bernardino Minaya, O.E., sabemos que fray Martín de Valencia, O.F.M., quiso conocer, si esta disposición era solamente un deseo de aventura o una moción de la gracia. Les expuso las penas y sufrimientos que encontrarían lejos de su familia tal vez la muerte y ellos contestaron con las palabras que antes hemos citado.
Los niños buscan con afán los ídolos para presentarles a los frailes dominicos, no temen el peligro a que se exponen, están convencidos, que estas figuras no son Dios y no merecen acto alguno de adoración, por eso los desprecian y destruyen, no huyen ante sus verdugos, sino los enfrentan con valentía.
 

Santísima Trinidad, adoro profundamente tu bondad y majestad infinitas, por las fortalezas que diste a los niños Cristóbal, Antonio y Juan, quienes al Principio de la evangelización de México, a pesar de sus pocos años, llenos de amor por extender tu reino y sin miedo a los sufrimientos, con su palabra y con su martirio, nos dejaron ejemplo de una fe firme y sincera. Por la predilección que tuviste a estos niños, concede la gracia especial que, por su intercesión te pido…………. Y su pronta canonización, si es para mayor gloria tuya. Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

 

 


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